Los peligros de no leer lo que firmamos

¿Hasta dónde llega tu responsabilidad?

No leer lo que firmamos es la causa de muchos de los problemas legales de la gente de a pie. Es un mal endémico de la sociedad española, que acostumbramos a este tipo de prácticas. Cuando hablamos del caso de las preferentes, por ejemplo, es sabido por todos que se produjeron muchos fraudes colocando estos productos a clientes engañados, pero, ¿todos los que adquirieron este producto financiero eran ancianos e invidentes?

Otros muchos adquirieron este tipo de acciones, pese a que en los documentos de compraventa figurasen las condiciones del contrato y su clausulado, palabras como “perpetuidad” o “permanente”, daba igual, incluso hubiese podido incluir la receta de una estupenda sopa de cebolla, que la mayoría de los adquirentes habrían firmado de igual manera.

Y esto se produce, porque en nuestro país, con demasiada frecuencia, acostumbramos a firmar documentos, contratos,… sin leerlos previamente, o sin comprender lo que leemos. A este respecto el Director General de entidades de la Comisión Nacional del Mercado de valores (CNMV) afirma respecto al caso de las preferentes que “En este país nos creemos lo que nos dicen, de entrada, sin cuestionarnos nada. Y lo firmamos”.

La siguiente cuestión se desprende de la anterior, ¿Qué hacer si leemos un contrato y no entendemos lo que en él se dice? Nuestra primera reacción, y más importante, debe ser la de no firmar nada que no comprendamos, porque no sabremos a qué y hasta dónde nos está vinculando.

 En segundo lugar, y al igual que cuando no comprendemos un prospecto médico, deberemos dirigirnos a un farmacéutico o doctor titulados, que estén legitimados para esclarecer nuestras dudas, en este caso, un abogado. Y esta es, quizás, la moraleja más importante: un abogado no está para resolver problemas, sino para evitar que se produzcan. Como en casi todo, no hay nada mejor que la prevención. Sin embargo, otra costumbre muy arraigada en nuestro país, es acudir al abogado cuando ya ha surgido el problema, cuándo, si en cambio, consultásemos con él previamente, en gran medida el problema nunca llegue a producirse.

Por eso, desde LABE Abogados entendemos el ejercicio de nuestra profesión como un camino que recorremos junto a nuestros clientes, no una mera consulta puntual. Trabajamos día a día, y desde hace más de 30 años, para prevenir y evitar problemas jurídicos a nuestros clientes, y no sólo a buscar soluciones cuando éstos ya han surgido.

¿Qué implica una firma? La firma son aquellos trazos escritos con los que una persona se identifica para prestar conformidad en algún documento, y que la obligan con respecto a su contenido, del que queda notificado y presta conformidad. En caso de que se exija firmar y no se esté de acuerdo con el contenido de la notificación se debe aclarar que se firma en disconformidad. Quienes no saben escribir, prestan su consentimiento a través de su huella dactilar, la que se unta con tinta y se estampa en el documento.

Por tanto, todo documento firmado, con independencia de si decidimos leer o no el contenido, o de si comprendemos el mismo, es de obligatorio cumplimiento, para las partes firmantes, siempre que no se realice en fraude de ley.

¿Qué sucede en el ámbito digital?

Desde la Oficina de Seguridad del Internauta se nos previene de que “Cuando nos damos de alta en un servicio, un alto porcentaje de gente de nuestro país, no lee sus condiciones de uso y las suele aceptar directamente. Ésta no es una buena práctica y hemos de cambiarla”.

En Dropbox damos nuestro consentimiento para que se hagan copias de seguridad de todo lo que subamos, Google puede usar nuestra información para cualquiera de sus servicios, Facebook adquiere la propiedad de toda foto, archivo o información compartida en la red social (sí, adquiere la propiedad). Youtube hace lo mismo con los videos que se suben. Twitter en cambio, tiene unos términos y condiciones muy livianos, pero sin embargo, se reserva el derecho a cambiarlos sin necesidad de informar a los usuarios ni recabar su aceptación.

Por otro lado, las aplicaciones móviles (APP) nos solicitan permisos, que rara vez nos cuestionamos, alejados por completo de la funcionalidad de la misma, destinados, única y exclusivamente, a recabar datos personales, información o archivos de nuestros Smartphones.

De nuevo, en las redes, nos exponemos por el mismo motivo; no leemos lo que firmamos/aceptamos.

¿Cómo evitar que no se nos presente este problema?

Lo mejor es contar con un abogado o despacho de abogados de confianza, que puedan hacer un seguimiento continuo de nuestras situaciones cotidianas con relevancia jurídica, que aunque no lo pensemos, son prácticamente todas. Por ello, desde LABE Abogados, invitamos a quienes tengan dudas sobre la redacción o la firma de un contrato, sobré la información vertida en documentos jurídicos, o sobre cualquier otro tema que no se comprenda, en términos legales o jurídicos, a acudir a nuestro despacho, en Paseo de la Castellana, nº 30, y asesorarse, no sólo para resolver problemas jurídicos, sino para evitar que se produzcan.

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